DESPERSONALIZACIÓN VERSUS DESREALIZACIÓN

La despersonalización es una alteración de la percepción o la experiencia de uno mismo de tal manera que uno se siente “separado” de los procesos mentales o cuerpo, como si uno fuese un observador externo a los mismos.​Puede ser a causa del uso recreativo de drogas psicótropas, pero más usualmente deriva de ansiedad, y abuso constante emocional. Una persona que sufre de despersonalización siente que ha cambiado y el mundo se ha hecho menos real, vago, de ensueño o carente de significado. Puede ser a veces una experiencia bastante perturbadora, en tanto que muchos sienten que efectivamente “viven en un sueño“.

El término “despersonalización crónica” se refiere al desorden de despersonalización, el cual es clasificado en el DSM-IV como un trastorno disociativo. El término “desrealización” es similar y a menudo se usan indistintamente; sin embargo, más específicamente la desrealización es sentir que nada es real, mientras que la despersonalización es sentir que uno está “separado” de su cuerpo o mundo. Aunque estas sensaciones pueden ocurrirle a cualquiera, son más prominentes en desórdenes de ansiedaddepresión clínicadepresión grave, trastorno obsesivo-compulsivotrastorno bipolarprivación de sueño y algunos tipos de epilepsia.

Los individuos que experimentan despersonalización se sienten separados tanto de su mundo como de su identidad y existencia física. ​ A menudo la persona que ha experimentado la despersonalización afirma que la vida “se siente como una película” o que las cosas se sienten irreales o difusas, y también se puede sentir falta de concentración, o que cueste más esfuerzo del habitual concentrarse en algo. Además el reconocimiento de sí mismo falla (de ahí que se denomine de esta manera). La despersonalización puede resultar en niveles altos de ansiedad, los cuales pueden incrementar aún más estas percepciones. Se presenta en muchas ocasiones en el trastorno límite de la personalidad, determinándolo como un síntoma común en dicho trastorno.

La despersonalización es un efecto secundario de drogas disociativas y alucinógenas, al igual que de drogas comunes como la cafeína, el alcohol, y minociclina. Es un componente común del síndrome de abstinencia de muchas drogas.

Una causa muy común es que el paciente haya sido víctima de abuso emocional, acompañando su despersonalización con una sensación de desesperanza y desesperación, y hasta ciertas ocasiones, ataques de ansiedad, cayendo en un estado de depresión mayor y llanto constante.

La despersonalización también puede acompañar la privación de sueño, el estrés y la ansiedad.

El tratamiento depende de la causa subyacente, o no.

Si la despersonalización es un síntoma de una enfermedad neurológica, el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad específica es el enfoque primario. La despersonalización puede ser el síntoma cognitivo de enfermedades tales como la esclerosis lateral amiotrófica, la enfermedad de Alzheimeresclerosis múltiple, la borreliosis, o cualquier otra enfermedad neurológica afectando el cerebro.

Si la despersonalización es un síntoma psicológico, entonces el tratamiento puede depender del diagnóstico. Ella es a menudo síntoma del trastorno límite de la personalidad y trastorno bipolar, los cuales pueden ser tratados a largo plazo mediante psicoterapia y psicofármacos.

El tratamiento de la despersonalización crónica está descrito en: trastorno de despersonalización.

La desrealización es una alteración pasajera de la percepción o de la experiencia del mundo exterior del individuo de forma que aquel se presenta como extraño o irreal.1​ Entre otros síntomas se incluyen las sensaciones de que el entorno del sujeto carece de espontaneidad, de profundidad o de matices emocionales. Es un síntoma disociativo que aparece en muchas enfermedades tanto psiquiátricas como neurológicas que no constituye un trastorno por sí mismo. Es además un efecto secundario transitorio de las intoxicaciones psicotrópicas agudas, la privación de sueño y el estrés.

En tanto que la despersonalización es una experiencia subjetiva de irrealidad del sí mismo, la desrealización se refiere a la percepción de irrealidad del mundo externo. Ambos términos se usan a menudo de forma indistinta, aunque las pruebas sugieren que se desarrollan según distintos mecanismos neurobiológicos. En muy pocos casos se puede dar una desrealización crónica, pero en tal caso puede ser causada por una disfunción temporooccipital. Estos síntomas en general son comunes en la población, con una prevalencia de hasta un 74% y entre 31% y 66% del tiempo en un hecho traumático

La sensación de extrañeza de la desrealización se puede describir como una especie de bruma sensorial, velo o vidrio que separa a la persona de su mundo. Puede manifestarse que lo percibido carece de “vida” y de tono emocional. La respuesta emotiva al reconocimiento visual de personas amadas puede estar significativamente reducida. Son comunes las sensaciones de déjà vu o jamais vu y los lugares familiares pueden percibirse como diferentes sin poder especificar concretamente cómo, e incluso percibirse de manera surrealista. Tales anomalías perceptuales pueden extenderse a otros sentidos como la audición, el gusto o el olfato. El individuo puede experimentar la sensación recurrente de sentir que se encuentra en un sueño, mismo que le reafirma la sensación de irrealidad; está situación le produce gran confusión y desencadena aún más ansiedad.

Otro síntoma de esta dolencia puede ser la constante preocupación o la aparición de pensamientos catastrofistas, mismos que el sujeto encuentra difíciles de eliminar.

Entre otros síntomas de la desrealizacion se destacan tres miedos recurrentes que sufre el afectado: miedo a morir, miedo a volverse loco y miedo a perder el control.

El sujeto afectado puede percibir las paredes, los edificios y otros objetos como si hubiesen cambiado de forma, tamaño o tono. En ocasiones, el afectado siente que el resto de las personas parecen “robots o máquinas” aunque el individuo sea capaz de discernir la irrealidad de estas sensaciones.

El proceso de los síntomas de la desrealización empieza a incrementarse lentamente con la ansiedad subyacente y posteriormente se manifiesta de forma abrupta, a menudo tras un ataque de pánico, con lo que los síntomas se hacen imposibles de ignorar. Esta clase de ansiedad llega a ser incapacitante y puede ocasionar conductas evitativas. Quienes lo experimentan además pueden preocuparse mucho por la causa de la desrealización. A menudo es difícil aceptar que un síntoma tan inquietante es simplemente resultado de la ansiedad y el individuo con frecuencia puede pensar que la causa procede de algo más serio. Esto a su vez puede aumentar la ansiedad y empeorar las sensaciones de desrealización.

La desrealización puede acompañar dolencias neurológicas como la epilepsia, las migrañas y el trauma craneal leve.4​ Existe similitud entre la hipoemocionalidad visual y desrealización. Esto sugiere una interrupción del proceso en el cual una percepción adquiere tono emocional.  

La desrealización puede asimismo ser causada por desórdenes vestibulares como laberintitis y neuronitis vestibular, puesto que en ellas el cerebro recibe señales mezcladas de los nervios vestibulares debido a daño o infección, de tal forma que el cerebro procesa más lentamente y se crean sensaciones de irrealidad.

El cannabis, los alucinógenos y la nicotina pueden llegar a producir sensaciones similares a la desrealización, particularmente cuando se consumen en exceso. Puede también resultar del síndrome de abstinencia alcohólica.

La desrealización puede ser también un síntoma de trastornos del sueño o trastornos mentales tales como trastorno de despersonalizacióntrastorno límite de la personalidad, y trastornos de ansiedad 

MIEDO A LAS FOBIAS

Una fobia  es un trastorno de salud emocional o psicológico que se caracteriza por un miedo intenso y desproporcionado ante objetos o situaciones concretas​ como, por ejemplo, a los insectos (entomofobia) o a los lugares cerrados (claustrofobia). Sin embargo, no es sencillamente un miedo, pues guardan grandes diferencias.​ También se suele catalogar como fobia un sentimiento de odio o rechazo hacia algo que, si bien no es un trastorno de salud emocional, sí genera muchos problemas emocionales, sociales y políticos (véase xenofobia, es decir, el odio a los extranjeros o extraños). Un estudio en EE. UU. por el National Institute of Mental Health (NIMH) halló que entre el 8,7 % y el 18,1 % de los estadounidenses sufren de fobias. Discriminando edad y género, se encontró que las fobias son la más común enfermedad mental entre mujeres en todos los grupos etarios y la segunda más común psicopatía en hombres mayores de veinticinco años.

Las fobias han sido estudiadas en la psicología desde sus inicios. Freud (1929) manejó las fobias desde dos fases del proceso neurótico.

  • Primera fase: es la represión de la libido y su transformación en angustia, fase que queda ligada a un peligro exterior.
  • Segunda fase: se van constituyendo todos los medios de defensa destinados a impedir un contacto con este peligro, que queda como un hecho exterior.

Las fobias específicas son un tipo de trastorno de ansiedad, en el cual una persona puede sentirse extremadamente ansiosa o tener un ataque de pánico cuando es expuesta al objeto del miedo. Estas son uno de los trastornos psiquiátricos más comunes, ya que una de cada veintitrés personas en el mundo sufre de alguna fobia, once millones doscientos mil estadounidenses padece de fobia social, un miedo persistente e irracional ante situaciones que puedan involucrar el escrutinio y juzgamiento por otros, tales como fiestas y otros eventos sociales. Las fobias comienzan a desarrollarse en promedio a los trece años y se dice que las mujeres son dos veces más propensas que los hombres a sufrir fobias.

Las terapias psicológicas​ que pueden ser beneficiosas para las personas que padecen fobia son: la técnica de “inmersión” o las terapias graduadas de exposición, entre las que se encuentra la Desensibilización Sistemática (DS). Todas estas técnicas se enmarcan en el enfoque de la terapia cognitivo-conductual (TCC).​ En algunos casos, también pueden ser de ayuda los medicamentos ansiolíticos. La mayoría de las personas que tienen fobias entienden que están sufriendo de un miedo irracional o desproporcionado, aunque este reconocimiento no impide que sigan manifestando esa intensa reacción emocional ante el estímulo fóbico.

La exposición graduada y la TCC trabajan con la meta de desensibilizar a la persona y de cambiar los patrones de pensamiento que están contribuyendo a su miedo. Las técnicas basadas en la TCC son las más eficaces, siempre y cuando la persona con este problema esté dispuesta a someterse a un tratamiento que puede durar algunos meses (en ocasiones semanas). Hay otras orientaciones terapéuticas, como el psicoanálisis o la programación neuro-lingüística (PNL) que abordan estos problemas clínicamente, pero tienen mayor duración y menor efectividad.

Para PNL cualquier fobia se asocia a un estado emocional intenso relacionado con el miedo, que se vincula a un evento particular vivido por la persona. No existe relación directa entre la fobia en sí misma y el evento que la causó, por ejemplo, si alguien sufre de fobia a las arañas no quiere decir que haya tenido un evento traumático con arañas, las arañas solo representan un disparador de su estado emocional interno. La solución que propone PNL, es eliminar ese disparador, una vez eliminado, no existe posibilidad de que la fobia se presente.

En las fobias, el sistema de alarma del miedo es demasiado rígido: siempre es excesivamente sensible. En la terapia se enseñará al paciente a modular todo esto mediante técnicas psicológicas específicas. Por una parte, ayudándole a que se esfuerce a mirar lo que le asusta y no a vigilar tanto su entorno. Por la otra, procurando que aprenda a regular sus interpretaciones automáticas. No es fácil, pues la capacidad de razonamiento de las personas fóbicas se encuentra bajo el efecto de sus procesos emocionales: nuestra inteligencia se encuentra pues bajo la influencia de esos procesos.

Las fobias específicas suelen tratarse mediante psicoterapia, que, a la vez que le enseña al paciente las causas de su fobia, le aporta técnicas para ir dominando la ansiedad ante el estímulo desencadenante. Las técnicas para controlar la respiración y la tensión muscular también pueden ser de gran utilidad.

Técnica de exposición: En esta, poco a poco, los profesionales confrontan al paciente con la situación tan temida. El estímulo gradual y progresivo hace que las personas de a poco vayan controlando sus temores.

Desensibilización sistemática: En el cual en lugar de estímulos se recurre a la imaginación del paciente, que va proyectando en su mente al estímulo temido. En ambos ejemplos de tratamiento, la exposición o la imaginación del estímulo se detiene cuando el paciente no puede controlar su ansiedad, y se recomienza cuando se ha tranquilizado. De a poco, logra resistir períodos más largos y así se va perdiendo el miedo.

Terapia cognitiva: En el cual se le da al paciente mucha información sobre aquella situación a la que teme, para que de esta manera vaya cobrando confianza (este tratamiento se utiliza mucho con pacientes que padecen de aerofobia –miedo a volar- y que sin embargo necesitan poder subirse a un avión debido a motivos laborales).

Métodos de choque: (terapias conductuales donde se produce una exposición forzada al estímulo, hasta que el paciente controle su ansiedad). El uso de psicofármacos no suele ser recomendado en el tratamiento de las fobias, debido a que, si bien puede paliar los síntomas de ansiedad, no elimina el problema.

Programación neurolingüística (PNL): Se ha puesto de moda como tratamiento ante determinadas fobias, pero los resultados de la misma aún no han sido científicamente comprobados. Pero lo cierto es que la eliminación de la fobia sucede, el paciente luego de trabajar con PNL ya no experimenta ninguna manifestación de los síntomas previos de su fobia.

Técnicas de PNL: Se trata de identificar los tres aspectos que componen un recuerdo, el aspecto visual, el sensorial (emoción) y el auditivo, luego trabajar con ellos de manera tal que la persona se desconecte de las emociones, las imágenes y lo que escucha durante el episodio fóbico. Hecha la desconexión, la fobia ya no se manifestará.

Otros tratamientos alternativos incluyen las terapias con flores de Bach, los libros y grupos de autoayuda y la hipnosis.

¿SEGURIDAD O DUDA?

La certeza es la seguridad factual (constatación) que se tiene como garantía de un enunciado, del grado de verdad o falsedad, de la tautología proposicional en un silogismo o en general del conocimiento sobre un asunto.

Un alto grado de certeza, comporta una conciencia sobre ciertos hechos, que se admiten sin sombra de duda, con alta confianza en que dicho conocimiento es verdadero y válido. Basada en la evidencia supone un conocimiento comunicable y reconocible por cualquier otro entendimiento racional. Un bajo grado de certeza es una situación en que el conocimiento estaría cerca de la ignorancia absoluta o total. En una situación así, no es posible afirmar nada con seguridad y, por tanto, no existe problema respecto al grado de posesión de la verdad.

Entre estos dos extremos en el grado del conocimiento situamos un conocimiento que no es perfecto y no ofrece la suficiente confianza en su validez por lo que pueden darse dos situaciones:

Por un lado tenemos la duda. Se produce cuando la insuficiencia del conocimiento y confianza en la validez del mismo es tal que no es posible afirmar. En la duda se da un grado de conocimiento imperfecto y, consecuentemente, una desconfianza en la validez. La duda es fuente de conocimiento cuando se reconoce la parte que corresponde a la ignorancia y se convierte en motivación para el progreso del conocimiento mediante el estudio y la crítica.

La opinión es la segunda de las situaciones. Cuando el grado de conocimiento genera suficiente confianza en su validez como para poder afirmarlo como verdadero, pero no de forma perfecta. El que opina afirma, sí, pero no con perfecta confianza en la verdad de la proposición con la que el conocimiento se manifiesta. Teniendo lo que se afirma como verdadero se admite sin embargo la posibilidad del error y de la posible verdad de la opinión contraria.

En la opinión, como afirmación débil, puesto que no hay evidencia plena,​ intervienen, por otro lado, factores no estrictamente cognoscitivos como es la influencia del “querer” o el “deseo”, lo que solemos llamar voluntad, y factores culturales e ideológicos.

La distinción entre certeza y conocimiento es importante. Evita la confusión que se produce cuando las afirmaciones ideológicas o de creencias pretenden establecerse como certezas de conocimiento verdadero en el mismo plano y ámbitos cognoscitivos propios de la ciencia. La certeza respecto a una verdad no basada en el conocimiento (creencias basadas en la tradición, en la religión, ideologías etc.), debe considerarse como pertenecientes a otra esfera independiente del conocimiento y comprendida en un concepto diferente: la fe, la confianza, la seguridad en el reconocimiento social, etc.

A partir de tales creencias tenidas como verdades se deducen formalmente, como argumentos, consecuencias que se consideran verdades cognoscitivas indudables como explicaciones. En algunos casos tales explicaciones pueden ser “feroces”.​

Las creencias como certezas no cognoscitivas tienen un valor importante en la vida humana, porque son un fundamento para la cohesión social; su utilidad social es producto de una “tradición” que se aprende por “culturación” y no son discutibles, ni están sometidas a método alguno de control crítico. Pero no pueden ser consideradas en el mismo plano y con el mismo contenido de verdad que las verdades de la ciencia, al estar éstas sometidas a criterios bien definidos y consensuados por la Comunidad científica.

La problemática que plantean la certeza y la opinión es muy compleja. Por ello hay diversas interpretaciones y valoraciones o sentidos en el ámbito del conocimiento y de la vida social a lo largo de la historia. ¿Es posible la evidencia?

Dos modos extremos de concebir el conocimiento:

Para el objetivismo la opinión es fruto de un conocimiento imperfecto, por tanto un defecto, una carencia, y se supera mediante el esfuerzo para llegar a la ciencia en la que se manifiesta el conocimiento de la Verdad con mayúscula, como tal, necesaria, que se muestra en la descripción del mundo mediante leyes generales necesarias. Se supera así el estado de opinión propia de un conocimiento vulgar e insuficiente, porque el conocimiento científico, la ciencia, confiere una validez que permite la certeza.

Para el escepticismo por el contrario el estado de opinión es el estado propio del hombre, incapaz de alcanzar el conocimiento objetivo de la Verdad. La verdad, con minúscula, es algo provisional sometida a las condiciones subjetivas de la experiencia y a las condiciones sociales de la cultura y del poder.

Los primeros creen en la verdad de la ciencia como verdad objetiva y necesaria y por tanto inmutable, una vez alcanzada. Es el fundamento de los racionalismoslogicismos e idealismos objetivos o absolutos.

Por el contrario los segundos piensan que el estado propio del conocimiento humano es la opinión. La ciencia no es más que una generalización de la experiencia y no tiene sentido una verdad inmutable. Es el fundamento de los sofistas, los escépticos en la Edad Antigua, de los nominalistas en la Edad Media y en la edad moderna de los empiristas.

La ciencia actual justifica un conocimiento objetivo de la realidad; y dentro del límite de su ámbito del conocer, considera la evidencia de sus teorías como provisionales y siempre estarán referenciadas o condicionadas a un sistema incompleto.​A veces se confunde esta limitación fundamental de la ciencia con la idea de que no existe verdad objetiva alguna.

La multitud de relatos o narraciones tradicionales y competencias lingüísticas según diversas legitimaciones no pueden ser consideradas en un plano de igualdad respecto a la opinión fundada y justificada, sin tener en cuenta el grado de conocimiento que dichos relatos implican. Es lo que se ha dado en llamar el multiculturalismo.​

Cuando el grado de posesión de verdad de cualquier opinión se equipara a la validez epistemológica de la ciencia, en realidad se legitiman las creencias inducidas por las tradiciones, los poderosos medios de comunicación social, la propaganda comercial o política. A veces estas opiniones se presentan como «estados de opinión apoyados o fundados en la propia ciencia». Un discurso performativo de los contenidos socialmente aceptados por la legitimación del discurso emanado del poder. peligro que afecta incluso a la ciencia en cuanto controlada y dominada por los poderes políticos y económicos.​

La complejidad de los sistemas y «programas de investigación científica» así como su dependencia de los poderes económicos y políticos, hacen que la verdad científica pueda quedar oculta en multitud de formas y perspectivas culturales, siendo los conocimientos cuestiones de “expertos”.

La posmodernidad se caracteriza a través de un «pensamiento débil»,​ el «fin de la Historia» una vez realizado el «ideal neoliberal» que supone el fin de las utopías y las ideologías. o un «choque de civilizaciones» en que Occidente y Oriente se enfrentan, una vez que ha caído el muro de Berlín.​

De hecho la sociedad democrática favorece un ambiente de escepticismo generalizado y amplia tolerancia de opiniones; la libertad de expresión y la democracia genera también confusionismo por falta de feconfianza y seguridad en el reconocimiento social.

Quizás por esto se está produciendo en los últimos años en determinadas sociedades y ámbitos culturales determinados una reacción en busca de certezas fundamentalistas con un grave peligro de intolerancia social hacia los no-creyentes o diferentes.

¡GRACIAS!

La gratitud es un sentimiento, emoción o actitud de reconocimiento de un beneficio que se ha recibido o recibirá.

La experiencia de la gratitud ha sido históricamente un foco de varias religiones del mundo, y ha sido tratada de forma extensa por filósofos de la moral como Adam Smith

El estudio sistemático de la gratitud dentro de la psicología no comenzó hasta aproximadamente el año 2000, posiblemente porque la psicología ha estado tradicionalmente más centrada en la comprensión de sentimientos desagradables que en entender las emociones positivas. Sin embargo, con la llegada de la psicología positiva, la gratitud ha pasado a formar parte del estudio de la psicología convencional. El estudio de la gratitud dentro de la psicología se ha centrado en la comprensión de la experiencia a corto plazo de la emoción de la gratitud (el estado de gratitud), las diferencias individuales en la frecuencia con que la gente siente gratitud (los rasgos de gratitud), y la relación entre estos dos aspectos.

La gratitud no es lo mismo que la deuda moral. Aunque ambas emociones se producen después de recibir una ayuda, la deuda moral se produce cuando una persona percibe que tiene la obligación de compensar dicha ayuda. ​Las dos emociones conducen a diferentes acciones, la de deuda moral puede motivar a los receptores de la ayuda a evitar a la persona que les ha ayudado, mientras que la gratitud puede motivar al receptor a buscar a su benefactor y mejorar su relación con él.

La gratitud también puede servir para reforzar las relaciones sociales futuras de los benefactores.

El vínculo entre la espiritualidad y la gratitud se ha convertido recientemente en un tema popular de estudio. Si bien estas dos características no son ciertamente dependientes la una de la otra, los estudios han encontrado que la espiritualidad, que no en la religión, aunque ambos no están reñidos, es capaz de mejorar la capacidad de una persona para estar agradecida siendo más propensa a tener un mayor sentido de gratitud en todos los ámbitos de la vida. ​La gratitud está vista como una tendencia humana muy apreciada entre musulmanes, cristianos, budistas, judíos, e hindúes. ​La oración con gratitud a Dios es un tema común en dichas religiones y por lo tanto, el concepto de gratitud impregna los textos religiosos, las enseñanzas y tradiciones. Por esta razón, es una de las emociones más comunes que las religiones aspiran a provocar y mantener en sus seguidores y se considera como un sentimiento religioso universal.

Las personas que son más agradecidas tienen un mayor nivel de bienestar subjetivo. Las personas agradecidas son más felices, se sienten menos deprimidas, menos estresadas y más satisfechas con sus vidas y sus relaciones sociales. ​ Las personas agradecidas también tienen mayores niveles de control de sus circunstancias, crecimiento personal, propósito en la vida, y aceptación de uno mismo. Las personas agradecidas tienen formas más positivas de lidiar con las dificultades que experimentan en la vida, siendo más propensos a buscar ayuda de otras personas, reinterpretar y aprender de la experiencia, y dedicar más tiempo a la planificación de cómo lidiar con el problema. Las personas agradecidas también tienen menos estrategias negativas de afrontar problemas, siendo menos probable que traten de eludir los problemas, negar que existan, culparse a sí mismos, o hacer frente a ellos a través del uso de sustancias. La gente agradecida duerme mejor, y esto parece ser debido a que tienen menos pensamientos menos negativos justo antes de irse a dormir.

La gratitud está mucho más relacionada con la salud mental que cualquier otro rasgo de carácter. Las personas agradecidas son más propensas a tener niveles más altos de felicidad y menores niveles de estrés y depresión. ​En un estudio sobre la gratitud, se asignó aleatoriamente a los participantes una de las intervenciones terapéuticas diseñadas para mejorar la calidad general de vida. De todos estos métodos, se encontró que el que tenía mayores efectos a corto plazo provenía de una “tarjeta de gratitud”, donde los participantes escribieron y entregaron una carta de agradecimiento a alguien en su vida. Este procedimiento demostró un aumento en las puntuaciones de felicidad en un 10% y una caída significativa en las puntuaciones de depresión, resultados que se prolongaron hasta un mes después de la visita.

Aunque hay muchas emociones y rasgos de la personalidad que son importantes para el bienestar, hay evidencias de que la gratitud puede ser de una importancia excepcional. En primer lugar, un estudio longitudinal mostró que las personas que estaban más agradecidas pudieron enfrentar mejor un cambio de vida. En concreto, las personas que eran más agradecidas antes del cambio estaban menos estresadas, menos deprimidas y más satisfechas con sus relaciones después de tres meses. ​ En segundo lugar, dos estudios recientes han sugerido que la gratitud puede tener una relación única con el bienestar, y puede explicar los aspectos del bienestar que otros rasgos de personalidad no pueden. Ambos estudios mostraron que la gratitud era capaz de explicar más el bienestar que los Cinco grandes y 30 de los más importantes estudios de rasgos de personalidad. ​​

Así mismo, la gratitud está íntimamente asociada a aspectos fundamentales de la salud en el final de la vida. Varios estudios demuestran la relación existente entre la experiencia de gratitud y la medicina paliativa. Los pacientes y familiares de estos al recibir cuidados paliativos agradecen y valoran especialmente unos cuidados humanizados y la disponibilidad del equipo paliativo.  El componente relacional del cuidado emerge como un punto clave de una experiencia de cuidados de calidad y gratificante, que bien pudiera convertirse en un indicador de los propios cuidados paliativos. 

La gratitud también ha demostrado servir para aumentar la tendencias de una persona al altruismo. Un estudio realizado por David DeSteno y Mónica Bartlett (2010) encontró que la gratitud se relaciona con la generosidad económica. A partir de estos resultados, este estudio muestra que las personas amables son más propensas a sacrificar las ganancias individuales para el beneficio común. Un estudio realizado por McCullough, Emmons, y Tsang, (2002) encontró correlaciones similares entre la gratitud y la empatía, la generosidad y amabilidad.

Teniendo en cuenta que la gratitud parece ser un factor determinante en el bienestar de las personas, se han desarrollado varias intervenciones psicológicas para aumentar la gratitud. ​ Por ejemplo, Watkins y sus compañeros​ pidieron a unos participantes probar una serie de ejercicios de gratitud diferentes, tales como pensar en una persona viva por quien sintieran gratitud, escribir sobre alguien de quien se sintieran agradecidos o escribir una carta para entregarla a una persona por la que se sintiera gratitud. Más tarde se pidió a los participantes del grupo de control que describieran su sala de estar. Los participantes que habían realizado un ejercicio de gratitud mostraron aumentos en sus experiencias de emoción positiva inmediatamente después del ejercicio, y este efecto fue mayor para los participantes a los que se les pidió pensar en una persona de la que estaban agradecidos. Los participantes que tenían personalidades agradecidas desde un primer momento, mostraron un mayor beneficio de estos ejercicios de gratitud.

¿QUE SABES DE TU SALUD MENTAL?

La salud mental es el estado de equilibrio entre una persona y su entorno socio-cultural que garantiza su participación laboral, intelectual y de relaciones para alcanzar un bienestar y calidad de vida

La salud mental se relaciona con el raciocinio, las emociones y el comportamiento frente a diferentes situaciones de la vida cotidiana. También ayuda a determinar cómo manejar el estrés, convivir con otras personas y tomar decisiones importantes. Al igual que otras formas de salud, la salud mental es importante en todas las etapas de la vida, desde la niñez y la adolescencia hasta la edad adulta. De acuerdo a estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los problemas de salud mental constituyen alrededor del 15% de la carga mundial de la enfermedad. El déficit en la salud mental contribuiría a muchas enfermedades somáticas y afectivas como la depresión o la ansiedad.

El tema de la salud mental, además, no concierne sólo a los aspectos de atención posterior al surgimiento de desórdenes mentales evidentes, sino que corresponde además al terreno de la prevención de los mismos con la promoción de un ambiente sociocultural determinado por aspectos como la autoestima, las relaciones interpersonales y otros elementos que deben venir ya desde la educación más primaria de la niñez y de la juventud. Esta preocupación no sólo concierne a los expertos tales como psicopedagogos y psicólogos, sino que forma parte de las responsabilidades del gobierno de una nación, de la formación en el núcleo familiar, de un ambiente de convivencia sana en el vecindario, de la responsabilidad asumida por los medios de comunicación y de la consciente guía hacia una salud mental en el colegio y en los espacios de trabajo y estudio en general.

La adolescencia se inicia aproximadamente a los 12 años y termina alrededor de los 20 años. El inicio de la adolescencia es más fácil de determinar debido a los cambios fisiológicos, que determinar el término de esta etapa. También la adolescencia es la etapa en la que la mayoría alcanza el más alto nivel intelectual, las operaciones formales, gracias al desarrollo cerebral característico de esta etapa.​ En la zona prefrontal la sustancia gris aumenta hasta los 11 años en las mujeres y los 12 en los hombres para disminuir después, lo que sin duda está reflejando el establecimiento de nuevas sinapsis en esa zona en la etapa inmediatamente anterior a la pubertad y su posterior recorte, en una secuencia que va desde la corteza occipital hasta la frontal . A este evento se le conoce como poda neuronal que trae como consecuencia una mayor eficiencia en las conexiones neuronales.

Cognitivamente los adolescentes se caracterizan por la capacidad de desarrollar un pensamiento abstracto, son capaces de imaginar diferentes posibilidades y pensar en situaciones hipotéticas; es decir, ir más allá de lo concreto. Sin embargo, no siempre se alcanza en todos los sujetos ya que depende de apoyo cultural y educacional que lo estimule. “El desarrollo moral depende del desarrollo cognitivo, porque no se puede hacer un juicio sin la capacidad de dejar de lado la propia perspectiva y situarse en el lugar del otro.”​ Hay un control interno del comportamiento así como un razonamiento autónomo sobre lo correcto e incorrecto. Los adolescentes típicos se ubican frecuentemente entre 5ta y 6ta etapa del razonamiento moral según Kohlberg, caracterizada por actuar de acuerdo a la norma interiorizada e implica un pensamiento democrático.

Respecto al desarrollo social y de la personalidad, esta etapa se caracteriza por los procesos de búsqueda de identidad, los sujetos exploran nuevos intereses y se autoevalúan en sus competencias, Se caracterizan por una indecisión que se refleja en la intolerancia o el culto a los otros. Esta polaridad intolerancia-culto, permite al adolescente ubicarse dentro de las diferentes posturas presente en la sociedad para ir moldeando la identidad propia. Así mismo, enamorarse es considerado por Erikson como un intento de auto-definirse. Una relación íntima implica un interjuego de pensamientos y sentimientos.

Los trastornos mentales pueden surgir en la etapa específica de la adolescencia, los cuales están supeditados al desarrollo particular de esta etapa. La APA clasifica en categorías estos trastornos e incluyen los de aprendizaje, habilidades motoras, comunicación, desarrollo, atención y alimentación, entre otros.​ Estos suelen ser una mezcla de factores genéticos, biológicos y ambientales. Trastornos como los de aprendizaje suelen incluir a la dislexia, discalculia o disgrafía. En el caso particular de la dislexia, tenemos el ejemplo de un trastorno que es un problema cognitivo de procesamiento que afecta el aprendizaje y es bastante común.

En cuanto a trastornos de aprendizaje, se encuentra el trastorno por déficit de atención y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Estos tienen una dimensión más neurológica. Estudios de pacientes con estos síndromes han ubicado zonas cerebrales mediante imágenes cerebrales. Un descubrimiento a raíz de esta indagación los posicionó el área parietal del cerebro, la cual se piensa que tiene que ver con el desarrollo de estrategias para el aprendizaje.

Segúnlos comportamientos de riesgo cometidos en la adolescencia, pueden ser altamente perjudiciales para el adolescente y puede desembocar en un mal desarrollo para un futuro adulto. Es por eso que determinó que “la nutrición tiene una estrecha relación con la salud psicológica de la persona”.​ La cual, a su vez, está atada a estándares sociales restrictivos.

Se piensa que reflejan las estrictas normas de nuestra sociedad acerca de la belleza, en primer lugar, la obesidad, definida como un sobrepeso de 20% a más sobre el peso ideal. Además, preocupa que los adolescentes obesos tiendan a ser adultos obesos. Por otro lado, la anorexia nerviosa, caracterizada porque las personas que la padecen se preocupan por la comida (la preparan, hablan de ella y animan a otros a comerla) pero ellos mismos comen muy poco. No pueden ver lo terriblemente delgados que están. Esto genera depresión y obsesión con un comportamiento repetitivo y perfeccionista. Por último, otra enfermedad asociada con los desórdenes alimenticios es la bulimia, caracterizada por episodios regulares de ingestión de enormes cantidades de comida, seguidos de extrema incomodidad física y emocional y vómito auto inducido.

La promoción de la salud mental parte del principio de que todas las personas tienen necesidades de salud mental y no sólo aquellas a las que han sido diagnosticadas condiciones deficientes de salud mental. La promoción de la salud mental concierne esencialmente a la realidad social en la que todos se sientan comprometidos con el bienestar mental. La misma se da a través de proporcionar recursos para que se haga efectivo el mejoramiento de la salud mental en las personas con el fin de llevar una vida saludable.

La salud mental se tiene que tener en cuenta a lo largo de todo el ciclo vital, en este sentido es importante tener en cuenta cómo se puede promover la salud mental en los niños y los adolescentes. Los jóvenes son uno de los grupos etarios que presenta mayor probabilidad de sufrir depresión, ya que en la etapa de la adolescencia se llevan a cabo procesos de cambio físico, psicológico, sociocultural y cognitivo. El adulto en este contexto, debe servir como ejemplo de salud mental, llevando un estilo de vida saludable.

VOLVER A SER UN NIÑO

La definición de niño/a también ha variado considerablemente a lo largo de la historia y en las diversas sociedades y culturas.

La primera infancia, de los 0 a los 5 años de edad, representa una etapa decisiva en el desarrollo de las capacidades físicas, intelectuales y emotivas de cada niño, y es la etapa más vulnerable del crecimiento puesto que es la etapa en la que los humanos muestran gran dependencia, motivo por el cual requieren especial protección.

En esta fase se forman las capacidades y condiciones esenciales para la vida, la mayor parte del cerebro y sus conexiones. El amor y la estimulación intelectual permiten a los niños desarrollar la seguridad y autoestima necesarias. Para ello, su entorno y las condiciones de vida de los padres son fundamentales.

La familia, la comunidad y la escuela son esenciales en esta etapa de crecimiento acelerado que requiere las condiciones adecuadas para lograr un mejor desarrollo para el aprendizaje, el juego y el descubrimiento, así como para estimular la motricidad y la creatividad. Esta etapa es fundamental también para aprender normas sociales y adquirir valores como la solidaridad y el sentido de justicia.

El día 20 de noviembre marca la fecha en que la Asamblea aprobó la Declaración de los Derechos del Niño en 1959 y la Convención sobre los Derechos del Niño en 1989; por eso esta fecha se considera, el Día Universal del Niño y se celebra todos los años, aunque en algunos países puede variar.

La vida de los niños sigue ciertos patrones propios de la madurez psico-biológica, pero también se ve afectada por los modelos culturales predominantes. Este fenómeno ha dado pie a una considerable producción antropológica, historiográfica y sociológica que da cuenta de las variaciones que se observan en las diferentes culturas y en las diferentes épocas. Margaret Mead fue una de las primeras autoras en cuestionar la validez de teorías universales sobre las características de la transición entre la niñez y la adultez.

Uno de los temas más polémicos que ha abarcado esta producción académica es la reconstrucción de la forma en que la sociedad se ha relacionado con los niños y los valores predominantes en cada época. Para Ariès, por ejemplo, la infancia sería un “invento de la modernidad”; según esta idea, la época premoderna no habría tenido una concepción de la infancia, es decir, un conjunto de espacios diferenciados, expectativas sociales hacia los niños y un estatus específico que les otorgara una distinción frente a los adultos. Esta idea había sido esbozada por Norbert Elias en su estudio sobre el “proceso civilizador”. El creciente control sobre la educación de los niños habría sido el primer paso en la construcción del concepto de infancia.

En varios países se ha avanzado en la reconstrucción de la historia de los niños.  En Estados Unidos ha destacado la labor de James Marten3​, Paula Fass​ y Kriste Lindenmeyer5​ entre otros historiadores. Sobre los países de América Latina ha habido propuestas interesantes por parte de Susana Sosenski, Bianca Premo, Nara Milanich y Jorge Rojas Flores.

Otras interpretaciones sobre la historia de la infancia provienen de la psicohistoria, que ha intentado explicar fenómenos como el infanticidio a lo largo de la historia.

Una demostración de las transformaciones que ha experimentado la experiencia de los niños a lo largo de la historia y de las culturas queda en evidencia si se comparan los cambios en la estructura de la familia, las formas de crianza (como el uso de nodrizas), la práctica en el uso de juguetes, la literatura infantil, el desarrollo de políticas públicas y de la doctrina de los derechos del niño. El siglo XX es el que ha mostrado mayores cambios en este aspecto, lo que fue anticipado por Ellen Key al anunciar en 1990 que esta centuria se constituiría en “el siglo de los niños”.

A medida que se desarrollan las ciencias positivas (aquellas que se basan en hechos), tanto naturales como sociales, la infancia entra a formar parte de éstas como tema de estudio a través de diversos autores, tratados y estudios. Aunque la niñez había sido tematizada en occidente desde sus inicios grecolatinos, se ponía el acento en el proceso de enseñanza, instrucción o inculturación. Así, los griegos clásicos acuñaron el término “Paideia” (en griego παιδεία, “educación” o “formación”, y de παις, país, “niño”) para referirse al proceso de crianza de los niños.

No siendo el primero en tratar el tema, Rousseau sienta un antecedente al ofrecer una idea de infancia que la diferenciaba cualitativamente de la edad adulta.​

Ya en 1896, Oscar Chrisman reclama la necesidad de una ciencia holística e interdiciplinaria para abordar el tema de la infancia. Nace así la paidología que, sin embargo, como disciplina académica iba a tener corta vida debido a distintas circunstancias, entre ellas, el estallido de la I Guerra Mundial y la apropiación del tema por parte de ramificaciones de otras disciplinas, sobre todo, de la psicología. Por su parte, la pedagogía se centra en el proceso de educación.

Desde el siglo XIX han surgido varias organizaciones, a nivel internacional y nacional, que promueven la protección del niño. La mayoría de ellas surgieron a fines de esa centuria y comienzos de la siguiente, como Save the Children. En el siglo XX las políticas públicas se han visto fuertemente influidas por la acción de la Organización Internacional del Trabajo, sobre todo en relación con el trabajo o explotación infantil, y luego por la UNICEF , donde se desarrolla una convención para reconocer los derechos humanos de los niños y niñas. Muchos de ellos relacionados con la alimentación y la escolarización.

Diversas manifestaciones estéticas, en el cine, la pintura y la literatura, dan cuenta de las concepciones que han surgido hacia la infancia.

En general la sociedad ha construido desde el siglo XIX una visión idealizada de la infancia (herencia del romanticismo y la Época victoriana), tendencia que se refleja por ejemplo en Charles Dickens. En el último tiempo han surgido manifestaciones más complejas sobre la “naturaleza humana”, como se evidencia en El señor de las moscas (1954), de William Golding, y en The Cement Garden (1978), de Ian McEwen.

En décadas recientes, en Estados Unidos y en Europa ha surgido una disciplina específica que estudia la relación entre el niño y la sociedad, denominada sociología de la infancia. La antropología tiene una tradición más larga al respecto, que se remonta a los clásicos (Maine, Frazer, Boas), quienes estudiaron las estratificaciones de acuerdo a las edades así como los ritos de pasaje (Van Gennep) y la transición de la infancia a la adultez (Mead). Sin embargo, la infancia como tema central se ha introducido más tardíamente. La economía, por otra parte, ha estudiado el peso que tienen los niños en la sociedad de consumo.

La desnutrición es un grave problema que afecta especialmente a los países de ingresos bajos y medios, y que es responsable de la muerte de cerca de un millón de niños cada año. Asimismo, la desnutrición contribuye a una disminución del funcionamiento cognitivo, un rendimiento escolar deficiente y una mala salud en general.