MIS MANIAS Y TUS MANIAS

La manía, también conocida como el síndrome maniaco, es un estado elevado anormal de excitación, afecto y nivel energético, o “un estado de elevación ante toda la activación relacionada con la expresión afectiva junto con la labilidad emocional” Aunque la manía es comúnmente asociada como una “imagen refleja” de la depresión, la elevación del estado de ánimo puede ser euforia o irritabilidad.

Los síntomas de la manía incluyen humor elevado (ya sea eufórico o irritable); fuga de ideas y logorrea; incremento de energía, disminución de la necesidad de dormir e hiperactividad. Estos son los síntomas más evidentes en los episodios hipomaniacos totalmente desarrollados; sin embargo, en el estado de manía completo, se experimentan exacerbaciones progresivamente graves y se confunden cada vez más con otros signos y síntomas, como los delirios y la fragmentación del comportamiento.

La manía es un síndrome con múltiples causas; aunque la vasta mayoría de factores ocurren en el contexto del trastorno bipolar, es también un componente clave de otros desórdenes psiquiátricos y podría también ser un síntoma secundario para distintas condiciones médicas, así como la esclerosis múltiple; algunos medicamentos pueden inducir el estado maniaco, por ejemplo, la prednisona; o las sustancias de abuso como la cocaína o los esteroides anabólicos.

La manía varía en intensidad, desde manía leve (hipomanía) a manía delirante, marcado por síntomas como desorientación, psicosis florida, incoherencia y catatonia​. Las herramientas estandarizadas como la escala autoaplicada de manía de Altman​ y la escala de manía de Young pueden ser utilizadas para medir la gravedad de los episodios maniacos. Debido a que la manía e hipomanía han sido asociados a la creatividad y el talento artístico, no siempre se ve el caso en que las personas maniacas, que claramente padecen el trastorno bipolar, deseen o necesiten ayuda médica; estas personas, con frecuencia, tienen el autocontrol suficiente para funcionar de manera normal o simplemente no son conscientes de que han entrado en un estado maniaco como para recurrir por sí mismos a solicitar el apoyo.

Es común que se crea que las personas maniacas se encuentran bajo la influencia de drogas.

En un estado afectivo mixto, el individuo, a pesar de cumplir con el criterio general de una hipomanía (del cual se hablará más adelante) o episodio maniaco, experimenta tres o más de los síntomas recurrentes depresivos. Esto ha causado especulación, entre los clínicos, de que la manía y la depresión, en vez de constituir dos polos “verdaderamente opuestos”, son, en cambio, dos ejes independientes en un espectro unipolar-bipolar.

Un estado afectivo mixto, especialmente los que tienen síntomas maniacos prominentes, posiciona a los pacientes en mayor riesgo de un suicidio consumado. La depresión por sí misma es un factor de riesgo, pero, cuando se suma un incremento de energía y una actividad dirigida a una meta, el paciente es más propenso a actuar violentamente en impulsos suicidas.

La hipomanía es un estado más leve de la manía que no llega a afectar la funcionalidad ni la calidad de vida.7​ Este mismo podría, de hecho, incrementar la productividad y creatividad. En la hipomanía, hay menor necesidad de dormir y el comportamiento enfocado en una meta y el metabolismo incrementan. Aunque el estado de ánimo elevado y el nivel de energía típico de la hipomanía podrían ser vistos como un beneficio, la manía por sí misma generalmente tiene muchas consecuencias indeseables, como lo son las tendencias suicidas; la hipomanía podría ser, si el estado de ánimo prominente es la irritabilidad y no la euforia, una experiencia desagradable.

Un solo episodio maniaco, con la ausencia de causas secundarias (como el trastorno por uso de sustancias, los fármacos o una condición médica general), es suficiente para diagnosticar el trastorno bipolar I; la hipomanía puede ser un indicador del trastorno bipolar II. Los episodios maniacos son con frecuencia complicados por delirios y/o alucinaciones; si las características psicóticas persisten por una duración significativamente más larga que en un episodio de manía (dos semanas o más), el diagnóstico más apropiado sería un trastorno esquizoafectivo. Algunos de los desórdenes del el “espectro obsesivo-compulsivo” y de los trastornos del control de los impulsos comparten el nombre “manía”, por ejemplo: la cleptomaníapiromanía y la tricotilomanía. A pesar de ser asociados, desafortunadamente, por la implicación en sus nombres, no existe relación entre la manía o el trastorno bipolar con este otro tipo de trastornos. Asimismo, la deficiencia de vitamina B12 puede provocar características como las de la manía y la psicosis.​

El hipertiroidismo puede producir síntomas parecidos a los de la manía, tales como la agitación, humor elevado, incremento de energía, hiperactividad, problemas para dormir y, algunas veces, especialmente en los casos severos, psicosis

Antes de comenzar el tratamiento para la manía se debe tener mucho cuidado de realizar un diagnóstico diferencial para eliminar la presencia de causas secundarias de los síntomas.  

El tratamiento agudo del episodio maniaco del trastorno bipolar involucra el uso de cualquier estabilizador del ánimo (valproato, litio o carbamazepina) o antipsicótico atípico (olanzapina, quetiapina, risperidona, aripiprazol). Aunque los episodios hipomaniacos pueden responder al estabilizador de ánimo, la manía es tratada con la segunda opción, en conjunto con la primera, ya que dan resultados más rápidos).

Cuando el comportamiento maniaco se ha disipado, el tratamiento a largo plazo se enfoca en medicamento profiláctico para estabilizar el estado de ánimo, en combinación, por lo general, de farmacoterapia y psicoterapia; la probabilidad de tener recaídas es muy alta para quienes han experimentado dos o más episodios de manía o depresión. Mientras que la medicación para el trastorno bipolar es muy importante para controlar los síntomas de ambos, manía y depresión, estudios muestran que confiar únicamente en tratamiento fármaco no es el tratamiento más efectivo; el medicamento es más efectivo cuando se acompaña otros métodos de cuidado, como la psicoterapia, técnicas de auto-afrontamiento y elecciones de vida saludables.​

En Electroboy: A Memoir of Mania por Andy Behrman, él describe una de sus experiencias maniacas como “la prescripción más perfecta de gafas para ver al mundo….la vida parece estar frente a ti como una pantalla de cine enorme”​. Behrman indica, más temprano en su biografía, que se ve a sí mismo no como una persona sufriendo un incontrolable trastorno discapacitante, sino como el director de la película más vívida y emocionalmente viva. “Cuando soy maniaco, me siento tan despierto y alerta que mis pestañas rozando con la almohada suenan como un trueno”​. Muchas personas artísticas y que crean distintas formas de arte tienen manía. Winston Churchill tenía periodos de síntomas maniacos que podrían haber sido ambos, un beneficio y una responsabilidad.

Además, durante las últimas décadas, se ha traído más atención hacia este trastorno, ya que ha tenido presencia en otras películas populares, entre ellas Mr. Jones (1993)​ con la actuación de Richard Gere y Lena Olin, que plasma la historia de un hombre con un trastorno bipolar muy violento; o Biutiful (2010)​ dirigida por Iñárritu, en donde uno de los personajes secundarios lo padece.

¡Esto no es todo amig@!

Se que tienes problemas y preocupaciones que te rondan la cabeza, manías y obsesiones que no te dejan tranquilo o tranquila,………….

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