¿TE IDENTIFICAS CON TU GENERO?

La identidad de género alude a la percepción subjetiva que un individuo tiene sobre sí mismo en cuanto a su propio género, que podría o no coincidir con sus características sexuales; este, puede considerarse como el sexo psicológico o psíquico​ y se constituye en uno de los tres elementos de la identidad sexual junto a la orientación sexual y el rol de género, relacionándose «con el esquema ideoafectivo de pertenencia a un sexo»,​ por lo que sería la expresión individual del género.

Todas las sociedades tienen un conjunto de categorías de género que pueden servir como base de la formación de la identidad social de un individuo en relación con otros miembros. En la mayoría de ellas, existe una división básica entre los atributos de género asignados a hombres y mujeres, un binarismo de género al que la mayoría de las personas se adhieren y se acoplaría a los ideales de la masculinidad y la feminidad en todos los aspectos del sexo y género: el sexo biológico, la identidad de género y la expresión de género. Sin embargo, también hay algunas personas que no se identifican con algunos (o todos) los aspectos de género que están asignados a su sexo biológico; algunos de esos individuos son transgéneros o de género no-binario. Algunas sociedades tienen categorías adscritas a un tercer género.

La identidad de género y la identidad sexual convergen en la construcción que hace el sujeto de sí, sin embargo, la primera es más general e incluye aspectos no estrictamente biológicos, en tanto que la segunda se relaciona principalmente con el reconocimiento que los sujetos hacen respecto a sus órganos sexuales. La identidad de género por tanto añade una dimensión psicológica de identificación que puede ser independiente de los caracteres fenotípicos que todos los seres humanos poseen en función de condicionantes biológicos; estos pueden ser independientes del ámbito psicosocial, a pesar de que en la mayor parte de las personas existe una correlación entre ambos.

Cuando se hace referencia a la expresión de género se alude a la exteriorización de la identidad de género de una persona (Ferreyra, Marcelo, IGLHRC).

Los roles de género se «aprenden», es decir, se desarrollan mentalmente desde la más temprana niñez. La observación de otras personas de diferentes identidades de género o sexuales, como los padres, las madres y los familiares, sirve de modelo para desarrollar una autoidentificación y, con ello adscribirse a uno u otro género, lo cual puede verse influido por factores biológicos y genéticos. Los niños y las niñas en sus primeros años aprenden rápidamente a asociar determinados colores, juguetes, programas de televisión, objetos, actividades, espacios y vestimentas con identidades psicosociales. Sin embargo, existen estructuras cerebrales que influyen en la diferenciación sexual entre varones y mujeres. ​

Al considerar el género, ligado al deseo, como más determinante que el determinismo genético del sexo genético, ligado a la anatomía, reactivó las controversias en la comunidad científica acerca de lo innato o adquirido. En la década de 1950 este tema era de fundamental importancia para los que bregaban por despatologizar la homosexualidad.

Sus articuladores son los «cánones vigentes de masculinidad y feminidad»,​ y «se relaciona con el esquema ideoafectivo de pertenencia a un sexo», y se trata, por consiguiente, de la expresión individual del género.

Toda sociedad tiene un conjunto de esquemas de género, una serie de «normas, prescripciones sociales o estereotipos culturales relacionados con el género»​ que sirven de base para la formación de una identidad social en relación con otros miembros de esa sociedad y que, en consecuencia, dan origen a la identidad de género.

La identidad de género es parte de una serie de círculos de pertenencia, como lo menciona Gilberto Giménez (1996), a los que el sujeto se adscribe a partir del reconocimiento que hace de sí y de los otros, durante las interacciones que se suscitan en espacios y momentos específicos.

El principal mecanismo responsable de la identidad de género y orientación sexual implica un efecto directo de la testosterona en el cerebro humano en desarrollo, como se muestra en los diferentes trastornos del tipo intersexual.

El síndrome de insensibilidad completa a los andrógenos es causado por diferentes mutaciones en el gen para el receptor de andrógenos (AR). Los afectados son varones XY que se desarrollan como mujeres y tienen una apariencia fenotípica de mujer y fantasías “heterosexuales“, sin los problemas de incoherencia de género.​

Cuando un feto varón tiene una deficiencia de 5 alfa-reductasa-2 o 17 β hidroxi-esteroides deshidrogenasa-3, ocurre que la testosterona periférica se transforma en dihidrotestosterona. Esta deficiencia parece ser una anomalía genética, con una distribución geográfica muy irregular. Al nacer, se presenta como una niña con un clítoris grande. Estos niños XY son generalmente criados como niñas. Sin embargo, cuando aumenta la producción de testosterona durante la pubertad, el ‘clítoris’ crece al tamaño de un pene, los testículos descienden, y los niños comienzan a masculinizarse y se hacen más musculosos. Una observación que hizo la investigadora Julianne Imperato-McGinley —quien lo descubrió entre los niños en la república Dominicana, donde la anomalía es más frecuente que la media— fue que todos estos chicos, a pesar de ser educados como chicas, mostraron casi todos preferencias heterosexuales.

La conciencia de pertenencia a una de las categorías de género existentes parece desarrollarse precozmente y en relación con los estereotipos sociales referentes a los papeles que han de representar los miembros de cada sexo dentro de los espacios socializadores. Hacia los dos años de edad los niños y las niñas ya tienen conocimiento de las categorías de género existentes en la sociedad, y que este conocimiento se complementará una vez que el sujeto tome conciencia de su identidad sexual (conciencia del propio sexo biológico), la cual se reconoce después de los 7 años.​ Sin embargo, sólo hasta los seis años de edad la identidad de género se consolidará (en etapas previas los niños y las niñas aún creerán que, si bien pertenecen a uno u otro sexo, este hecho puede cambiar en función de características físicas visibles o atributos externos como, por ejemplo, los atuendos o la longitud del pelo).

La identidad de género se suele formar hacia los tres años de edad.​ Más tarde de esa edad, es extremadamente difícil de cambiar, y los intentos de reasignación pueden resultar en disforia de género.

En la psiquiatría norteamericana se sigue considerando que la transexualidad es una patología mental. ​ Este último término fue incluido en la quinta versión del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM-V. En ella se sustituyó el epígrafe «trastorno de identidad de género», por «disforia de género», modificando también el elemento esencial para el diagnóstico: no se centra en el deseo de pertenecer al otro sexo, sino en el malestar que esto ocasiona al individuo. ​ Este cambio de terminología no está exento de controversia, ya que en la práctica se sigue manteniendo dentro de los trastornos mentales.

Si crees que tu identidad de genero no es lo que tu cuerpo aparenta y no sabes como reaccionar ante esta situación o sabes de alguien que lo esta pasando mal debido a esto o a cualquier otro tipo de problema o preocupación, te dejo aquí este enlace para que contactes conmigo: http://www.psicologiasinlimitacionesonline.com

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